Había llegado la cita con el destino
Hector había muerto esa noche en
un accidente automovilistico.Hacía tan solo meses que había
salido del reclusorio.Tenía ganas de prosperar,
pero ya estaba dañadocontaba con 19 años
yo tan solo diez.La casa se lleno de flores
y velas y vecinosgente y amigos de él
empezaron a llegar.Mi madre lloraba incontenible
al mirar como entraba.Él feretro color gris.
Todos los hermanos lloraban
por aquel ser muertoy
yo empeze a llorar, porque
todos llorabanpero solo por eso.
Pues en mi y muy
dentro de mi corazón
nada experimentaba.Aun hasta hoy día, sé
que nada sentía por él
ni lastima siquiera.Había muerto mi verdugo.
Aquel que me azotaba, me
señalaba, me acusaba.Y que aun muerto dejaba
su huella
en mi
para siempre.